martes, 14 de noviembre de 2017

Kent Haruf, Nosotros en la noche


Hay una clase de historias que no me gusta: esas historias en que dos personas coinciden en una situación pintoresca, y el encuentro se repite y vuelve a repetirse y se hace recurrente, y lo que empieza siendo una reunión coyuntural acaba transformándose en un rito de encuentro muy íntimo durante el cual ambos abren sus corazones y se conocen entre sí y a sí mismos, etc. No sé a qué se deberá, pero siento una rara aversión hacia esta clase de historias. Nunca conecto con ellas. No sé si es que me parecen previsibles o prefabricadas o si me contaron una historia de esta clase de pequeñito, una noche que tenía un espantoso dolor de muelas, y desde entonces arrastro el trauma. Sea como sea, no me gustan, pero toda regla tiene su excepción, y Nosotros en lanoche es una excepción merecidísima.

La premisa es telenovelesca: Addie es anciana, es viuda, está sola. Louis también. Son vecinos. Un día, ella lo visita y le propone algo insólito: «Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar». Tras una breve reflexión, él acepta. Y así comienza su historia. Un escritor menos lúcido que Kent Haruf habría transformado esta materia prima en un dramón lacrimógeno lleno de enfáticas enseñanzas vitales y plagado de frases del tipo: «descubrieron que la vejez no es el fin de nada, sino un nuevo comienzo», «aprendieron a conocerse a sí mismos mediante el conocimiento mutuo», «vencieron la incomprensión del mundo y gozaron de un ocaso luminoso». Afortunadamente, no hay nada de eso en Nosotros en la noche. Hay un mundo que no entiende y que se opone a la relación de Addie y Louis, sí, y hay dos personas que encuentran sosiego en la mutua compañía, pero la mirada desapasionada del narrador sitúa a la novela en las antípodas del telefilme. En todo momento resulta creíble y honesta. Los breves capítulos son fotogramas muy vívidos: si los leemos deprisa se transforman en una película convencional pero muy cercana, muy verdadera; si los leemos despacio se parecen más a un puñado de fotografías, esas fotografías que sacamos del cajón tras varias décadas de abandono y que nos sumen una plácida tristeza.

Nosotros en la noche no es, no nos engañemos, una novela original: todos nos la sabemos de memoria. Pese a lo insólito de la situación inicial, la historia de Addie y Louis carece de grandes giros argumentales, y en esencia es la misma que encontramos aquí, allá, a nuestro alrededor, en todas partes, así como en tantas otras películas y novelas. Y sin embargo es difícil leerla sin emocionarse. Kent Haruf no es el primero que hace buena literatura con la realidad cotidiana, pero su libro es conmovedor y transmite calidez y ternura, y muy torpes habríamos de ser para ponerle objeciones en lugar de disfrutarlo sin reparos.

Si lo encontráis en una librería, abridlo, leed las primeras páginas y dejad que os diga lo que tiene que deciros: «me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar». Y contestad que sí. Yo no me atrevería a afirmar, siendo como es tan vasta la literatura, que de entre todos los libros elegiría este para llevármelo a una isla desierta, pero sin duda es un gran libro con el que irse a dormir, y a hablar.

Otros blogs que han escrito sobre el libro:
Entre montones de libros
Estado crítico
Todoliteratura.es

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