sábado, 17 de noviembre de 2012

Un hombre recién llegado de Petersburgo



A medida que pasan los años me abandonan las emociones fuertes; las pequeñas, por el contrario, se multiplican, aprovechan cualquier excusa para asaltarme, como si supieran que en sí mismas no son gran cosa y quisieran paliar la escasez de aquéllas por acumulación. Hace tiempo que no me posee el demonio de los celos, hace tiempo que no siento una admiración verdaderamente incondicional, un deseo verdaderamente irrefrenable o una envidia verdaderamente enfermiza; hace tiempo que no siento gratitud, ni  piedad, ni (casi) miedo; hace tiempo que no me siento capaz de morir por nadie. En cambio, me sorprendo a menudo dejándome herir por minucias. Hoy, por ejemplo, he estado a punto de echarme a llorar al hojear por enésima vez Los hermanos Karamazov y tropezar con la siguiente frase: «un hombre recién llegado de Petersburgo.» Sólo eso: un hombre recién llegado de Petersburgo. Sé que es una frase insignificante, pero, al leerla, no sé, he pensado que de algún modo resume o condensa o anula toda mi vida y que debo dedicar el resto de mis días a profundizar en ella. He pensado que Un hombre recién llegado de Petersburgo merece ser el título de una larga novela, un novelón interminable y a la postre inconcluso, que absorba mis energías durante treinta años y me haga morir de agotamiento y me acompañe a la tumba. He pensado en mi cadáver, bajo tierra, pudriéndose lentamente junto al gran fajo de folios amarillentos, dejándose devorar por los gusanos y asintiendo en silencio mientras el fantasma de un hombre, un hombre recién llegado de Petersburgo, le cuenta al oído cómo acaba mi novela, su novela.

1 comentario:

  1. "Destemplanza" llamo yo a esa sensación, y no por ausencia de templanza sino por temperatura, ni frío ni calor.

    El último personaje que me ha despertado una envidia sana a ratos, homicida a veces, es Lena Dunham, que con 26 años se ha sacado de la manga una serie generacional de los que nacimos en los ochenta para la HBO, ha escrito un libro y para colmo dirige e interpreta, y todo bien. me consuelo secretamente pensando que quizás sus padres sean ricos, es más cómodo que saber que donde algunos sólo tienen talento o ni eso otros tienen genialidad.

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