jueves, 25 de julio de 2013

Sálvate

Contra el aburrimiento, la ruindad. Es imposible aburrirse si se está bajo el dominio de las bajas pasiones. Cuando el rencor, la envidia o los celos te corroen, puedes pasarte diez horas sin hacer nada más que rumiarlos mirando la pared, y nunca diez horas habrán pasado tan rápido. No te divertirás, pero tampoco echarás de menos la diversión. Te parecerá algo insustancial, demasiado soso, apenas un pasatiempo de viejos o de lisiados en comparación con el torbellino de emociones que a ti te arrasa. ¿Ya no encuentras placer en salir de juerga? Échate una novia muy puta que te ponga los cuernos y siéntate a esperar. No tendrás que esperar mucho: más pronto que tarde, los celos acudirán en tu ayuda. ¿Le has perdido el gusto al cine, a los libros, a la música? Pídele un favor a alguien a quien le hayas hecho muchos favores, pídele un favor gordo, y, después de escuchar su excusa, enciérrate en tu habitación y digiere sin prisa ese plato sabroso pero letal, el desagradecimiento. ¿Estás cansado de jugar al fútbol, de montarte en aviones y fotografiar catedrales, de probarte ropa en los probadores de las tiendas, de comer hamburguesas? En resumen, ¿te aburres? He aquí la solución: mézclate entre la gente y ofrécete a ellos, dales todo tu amor y sufre las consecuencias. No reprimas ninguna baja pasión, abandónate a la elocuencia de la paranoia, a la maledicencia de la envidia y a la terquedad del rencor. Sufre, sufre mucho y en silencio. Sálvate.