jueves, 20 de septiembre de 2012

Vocación tardía


Dos de los dioses mayores de internet, google y youtube, han jugueteado conmigo durante un par de horas, llevándome de acá para allá, obligándome a leer toda clase de mierda y a ver vídeos supuestamente divertidos sobre gatitos que se peinan los bigotes o perros que persiguen su propia cola; cuando les ha parecido que ya se habían divertido suficiente, los dos dioses juguetones me han hecho llegar a mi destino. Doy gracias por haber descubierto al fin mi verdadera vocación, que no es otra que mirar en youtube los mejores momentos de Factor X. Nunca lo habría sospechado, pero esas audiciones pueden ser tan emocionantes como una buena película, y mucho más imprevisibles. Primero el aspirante a famoso nos cuenta por qué está allí, le vemos morderse las uñas mientras los miembros del jurado lo cosen a preguntas, le vemos responder con desparpajo o con humildad o con timidez; descubrimos que es introvertido o graciosete o un auténtico gilipollas. El preámbulo es necesario; de otro modo no podría ganarse nuestro cariño o nuestra antipatía, y es eso, la relación emocional que establecemos con él, lo que le da a la experiencia la fuerza que sin duda tiene. Después empieza a sonar la música y aguardamos con expectación el momento en que el aspirante abra la boquita y nos muestre de qué es capaz. Y luego, mientras canta, lo oímos con verdadera ansiedad, pidiéndole al cielo que no la cague, que no pegue un resbalón o se le vaya la voz en el estribillo. Hay de todo, hay finales felices y finales tristes. Hay idiotas engreídos que nos sobrecogen al primer gorgorito y hay gente lindísima que lo intenta y lo intenta y no termina de arrancarse y sufre y llora y nos hace llorar. Es hermoso. Dios, cómo amo a Rebecca Ferguson.