miércoles, 11 de julio de 2012

El adversario


A veces, al leer un libro, tenemos la impresión de que sólo nosotros podemos comprenderlo. Observamos nuestras propias peripecias protagonizadas por otro, por un personaje más o menos ficticio, y casi compadecemos al escritor que ha narrado nuestra historia por azar, quizá hábilmente, quizá con auténtica maestría, pero, en cualquier caso, ignorando su verdadero sentido. Para que ocurra algo así debe tratarse de un personaje único, cuyas aventuras coincidan con las nuestras sin matices. Lo contrario, identificarse en líneas generales con un personaje arquetípico, es algo tan corriente como el agua corriente y lo experimentamos por igual, y a diario, los consumidores de literatura, de cine, de televisión, de música. Es a lo que nos referimos cuando decimos reconocernos en un personaje. La experiencia que estoy intentando describir, en cambio, es menos intelectual o moral que física: más que sentirse reconocido en alguien, consiste en darse de bruces contra alguien, alguien tan duro y compacto como pueda serlo un cuerpo humano y que no sólo se nos parece, no sólo es idéntico a nosotros, sino que es, en todos los sentidos, nosotros. Seguramente os haya pasado alguna vez; a mí me pasó hace tres meses, al leer un libro que desde entonces no ha hecho más que crecer en mi memoria, en mi alma o donde quiera que vayan a parar los libros que uno lee. Los demás suelo olvidarlos al cabo de unos días; de éste aún conservo un recuerdo nítido, dolorosísimo. Se trata de El adversario, de Emmanuel Carrère. No sé si es un buen libro (no sé hasta qué punto puede parecérselo a quien lo lea desde fuera, al lector que no sea al mismo tiempo protagonista), y por eso no me atrevería a recomendarlo. Sí sé que para mí ha sido una herida desgarradora y que tardaré en restañarla. El adversario soy yo (y yo).

2 comentarios:

  1. Qué curioso, últimamente no paro de toparme con este libro una y otra vez. Ya me han hecho el spoilpero aunque no lo haya leído me da la sensación de que ya nunca me voy a olvidar de él lo lea o no.

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  2. Lástima que ya te hayan contado de qué va (yo soy de los que piensan que el spoiler debería estar penado), pero aun así sigue mereciendo la pena leerlo. Es un libro tremendo.

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