jueves, 15 de septiembre de 2011

Vida nueva, escena 7, toma 839

De un tiempo a esta parte, raro es el año que no cambio de vida al menos una vez. Antes, esos cambios respondían a una búsqueda de novedad; últimamente, creo que responden a una búsqueda de perfección, si es que puede llamársela así. No cambio de vida para hacer algo nuevo, sino para tratar de hacer bien lo que ya he hecho mal cientos de veces. Es como si estuviera rodando una película y no acabara de gustarme cómo queda una escena, una escena muy estúpida, y a pesar de las protestas del resto del reparto me negara a darla por buena y no hiciera más que repetirla, repetirla, repetirla, mientras a mi alrededor la gente se aburre y decide seguir avanzando sin mí. No sé si será así de aquí en adelante o si algún día me rendiré y pasaré página; sé que la cosa no tiene visos de cambiar a corto plazo. El último intento de reescribir (de corregir) ese terco capítulo data de hace sólo unas semanas, y supongo que aún me llevará varios meses darlo por errado. Por algún motivo, debo de haber pensado que una nueva mudanza me hará bien, que en esta vieja casita de la zona norte Málaga encontraré lo que no he encontrado en la zona sur, lo que no encontré en Santiago, en Salamanca, en París ni en Granada. Sí, debo de haberlo pensado, y, aunque parezca increíble, lo sigo pensando. Nunca acabará de sorprenderme la ingenuidad del hombre, la facilidad con que olvidamos el golpe que acabamos de darnos y nos dirigimos de nuevo, sonrientes y esperanzados, hacia la misma piedra; nunca acabará de sorprenderme y nunca acabaré de agradecerla. No es para menos. El paso de la brutalidad simiesca a la estupidez humana debió de ser uno de los saltos más duros de la evolución. A la naturaleza, sin duda, le costó lo suyo dar con una fórmula tan productiva, y una vez que la halló la repartió generosamente entre todas las personas, sin escatimar lo más mínimo. ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos creer, contra todas las evidencias, que esta vez sí, que ahora sí, que aquí sí? ¿Y qué sería, dios mío, de las agencias inmobiliarias? Aquí y ahora: parece un mantra, parece el eslogan de una marca de cerveza, pero es sólo un pretexto para aplazar la muerte. Aquí y ahora, muchachos: vida nueva.

1 comentario:

  1. Entre los múltiples saltitos que un@ tiene la osadía -o en otros casos, la ingenuidad- de dar.. la idea es que, salvo que algo muy poderosísimo suceda que lo impida, por ahí de finales de diciembre estaré un par de días -estrictamente-, muy cerca de tu casa. No que lo haya meditado en demasía, pero pienso que no sería tan mala idea, algo así como un encuentro. Un rato de no-virtualidad, para variar. Por supuesto está también lo que tú opines. Saludos.

    ResponderEliminar