sábado, 24 de septiembre de 2011

Lo que tienen que decirme


Han vuelto. No sé quiénes son, no sé qué son, pero han vuelto. Poco a poco irán ganando terreno, en silencio, como la carcoma, y acabarán apoderándose de toda la casa. Lo sé, ya ha ocurrido otras veces. Esperan a que deshaga las maletas, esperan a que ordene los armarios  y coloque los libros,  esperan a que me instale en esta fiesta aburrida que es mi vida cotidiana, y entonces vuelven. Vosotros no entendéis, no, vosotros no entendéis, pero yo sé.  Es, por ejemplo, la ventana, no, las puertas, no, el flexo, el flexo acurrucado al fondo de la cama, mirándome, ¿me mira?, no, es simplemente el flexo, ¿entendéis?, esperando, paciente, inmóvil, hora tras hora, noche tras noche,  mientras el resto de la casa permanece a oscuras, o ese espejo enorme que hay al fondo del pasillo, él si me mira, él sí me mira, yo sí te miro, maldito, un día acabaré por romperlo, o los platos, los platos sucios que aparecen de pronto donde menos te lo esperas, en un cajón, en el suelo, en la mesita de noche, con restos secos de espaguetis o de arroz, a veces con una mosca flotando en la sopa, por no hablar de los libros, ¿quién los cambia de sitio en cuanto me doy la vuelta, quién los saca de sus estantes y los amontona en el escritorio, en la bañera, en el fregadero? Son ellos. Han vuelto. En mitad de la noche me despiertan susurrándome al oído, ahora, dicen, ahora, y yo salto de la cama y corro por la casa a oscuras en busca de la libreta que ellos han escondido, ahora, ahora, y yo tropiezo con los muebles y maldigo y sigo buscando, ahora, ahora, y yo sudo, gimo, escupo,  ahora, escucha, y ése es el momento en el que a veces se apiadan de mí y encuentro la libreta, justo a tiempo de escribir lo que tienen que decirme.

3 comentarios:

  1. Estoy confundida. Puede ser que se trate solo de cosa mía... O no. Es como si hubiera encontrado las palabras exactas que yo sospechaba tener escondidas, pero no las escontraba. A veces juegan, me mienten, se ocultan; pero sin embargo, cuando las veo, automáticamente las hago mías y pienso: " eh, ¿qué hacéis ahí? ¡Venid aquí! ¿cómo tenéis el valor de divulgar lo que siento sin mi permiso?" Pero entonces aparece un gran silencio y las palabras se quedaron sin palabras. Llega aquí este momento en el que debo resignarme, en el que solo surge en mi mente un terrible agradecimiento hacia aquella persona que, sin querer ni saber, ha sido capaz de leerme lo más profundo del alma sin tener la necesidad de verme la cara.
    Gracias.

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  2. Joder, Anónimo, creo que es el mayor regalo que puede hacérsele a alguien que escribe, decirle que te ha ayudado a encontrar tus propias palabras. Gracias.

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  3. De nuevo, gracias a tí. Te visito todas las noches y a veces me quedo soprendida de lo mucho que me conoces y, a la vez, de lo desconocidos que somos. Escribes cada reflexión, cada homenaje, cada anécdota, de una manera tan..mía(?)
    Creeme, el regalo me lo has hecho tú.
    Seguiré por aquí, y si me vuelvo a enamorar de otra entrada mi comentario lo tendrás.

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