martes, 27 de septiembre de 2011

Joubert

Cioran asegura que en una ocasión se negó a conocer a un hombre sólo porque supo que era insensible a Dostoievski y a la música. Cuando leí la anécdota, hace años, pensé que se trataba de uno de los estúpidos desplantes de Cioran, o, en caso de ser falsa, de una de sus estúpidas fanfarronerías. Hoy creo entender que fue un acto de prudencia. Para él, Dostoievski o la música no eran meros pasatiempos, ni siquiera placeres más o menos refinados, sino expresiones o facetas de su propio carácter. Nadie que fuera incapaz de confraternizar con ellos podría hacerlo con él; a la larga, intentar ganarse su amistad le acarrearía únicamente desengaños. Pues bien, desde ahora, yo me niego a conocer a todo el que sea insensible a Joubert.

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