martes, 15 de febrero de 2011

No sé qué vamos a hacer con él

No me preguntéis cómo ha llegado a ocurrir esto, simplemente ha ocurrido. Estoy sentado en mi cuarto: a mi derecha, en el suelo, una caja de cartón levemente ensangrentada; sobre mi regazo, un gatito muy pequeño. Hace un par de horas estaba tirado en la calle, empapado, con un pegote de sangre coagulada en la nariz. Ahora está dormido. Al principio no quería que lo tocara, pero es tan pequeñín que no ha sabido oponer resistencia. Unas pocas caricias han bastado para tranquilizarlo. Ha sido hermoso. A cada caricia se le iba ablandando el cuerpo, y la cabeza, que al principio estaba tensa y erguida, fue dejándose caer poco a poco en mi brazo. Llamadme cursi, pero no puedo ni quiero negarlo: me ha emocionado sentir cómo esa cabeza diminuta pesaba más y más, más, más, hasta que al fin se quedó dormido. He apagado la luz. Estoy escribiendo estas líneas con el brillo de la pantalla al mínimo: no quiero que se despierte. De vez en cuando estornuda. No sé qué vamos a hacer con él.

sábado, 5 de febrero de 2011

Esquizofrenia o cansancio


Llevo treinta horas sin dormir, y la última vez que lo hice dormí sólo tres horas. La cosa no tendría importancia si no llevara repitiéndose, con distintas variaciones, más de una semana. Más de un año, en realidad, y más de cinco, pero ésta es una de las peores rachas que recuerdo. Me obligo a permanecer despierto durante el día para caer rendido de noche. Si no me permites dormir ahora, le digo a mi cuerpo al caer el sol, que sepas que de día seré yo el que no te lo permita a ti. Pero mi cuerpo no se deja engañar, ni mucho menos sobornar. Aquí es él quien manda y lo sabe. Y le gusta la noche.

No es la primera vez que en momentos como éste me acuerdo de David Nebreda. Normalmente me irritan los profetas de la mierda y la  locura, pero creo que él es un artista genuino. Es fotógrafo. La mayoría de los fotógrafos manipula el escenario para establecer las condiciones adecuadas a la creación. Él, que sólo hace autorretratos, prefiere manipular su cuerpo. Se lacera, se mutila y se cubre de excrementos. Se somete a largos periodos de ayuno y a cualquier ejercicio que conduzca al agotamiento extremo. Es, en rigor, un asceta. Como yo. La diferencia es que él lo es a conciencia y yo a mi pesar. La diferencia es que él es un fotógrafo brillante y yo, aparte de narcisista, no sé lo que soy. La diferencia es que David Nebreda es esquizofrénico y yo no. ¿O sí? No lo creo, aunque empieza a haber signos alarmantes. Anoche, por ejemplo, mientras intentaba dormir, me vi a mí mismo abrir la puerta y entrar en mi habitación. Permanecimos en silencio durante horas, yo echado en la cama y yo mismo de pie, mirándonos a los ojos, hasta que empezó a entrar luz por la ventana y me levanté y le cedí a mí mismo mi sitio entre las sábanas.

¿Esquizofrenia?
Aún es pronto para arriesgar un diagnóstico.
Confío en que sea sólo cansancio.

Iba  a  añadir  una  última diferencia entre David Nebreda y yo. Iba  a decir que él es un místico y yo no, pero tampoco de eso  estoy seguro.

William Blake, otro místico (sé que todos conocéis la cita), escribió: el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría. Yo no sé si este agotamiento extremo tiene algo que ver con la sabiduría; sé que no se parece en nada a un palacio, sé que dentro de poco no sabré vivir sin él, y sé que la iglesia ha canonizado a algunos que no hicieron mucho más de lo que yo estoy haciendo: llevar el cansancio al extremo de sufrir alucinaciones. Con un poco de suerte me libraré de ser un puto escritor y me convertiré en un santo. Quizá una de estas noches se abra la puerta de mi habitación y en vez de verme a mí mismo vea el rostro de Dios. O del Diablo.