sábado, 4 de diciembre de 2010

Gravedad cero

Parece que al fin he encontrado el equilibrio. Últimamente me acuesto a las seis de la tarde y me levanto a la una de la noche, cuando la casa queda en silencio. Durante la noche leo, y, a veces, escribo un poco. Después, ahora (¿ya son las nueve?), las ideas se me atascan o me salen chuchurridas; antes de que empiece a dolerme la cabeza, dejo lo que esté haciendo y salgo a dar un paseo. Es una sensación maravillosa. A esa hora la ciudad está en plena ebullición. La gente va de acá para allá a toda velocidad, deseando llegar cuanto antes adonde quiera que vayan. Yo, en cambio, camino despacito, como un copo de nieve que cae entre la lluvia. Me gusta, me hacer sentir liviano. Probadlo alguna vez, moveos más despacio que el mundo que os rodea: se parece a dormir, a flotar, a estar muerto. A tu alrededor las personas se atraen y se repelen, se agitan, se fusionan o rebotan, mientras tú permaneces libre, ajeno, ingrávido, como un espectro. Dentro de poco, supongo, tendré que volver al mundo de los vivos (¿ya está aquí la navidad?). Cada vez que lo pienso me entran ganas de hacerme el remolón, de cerrar los ojos y esconderme debajo de las sábanas, de pegarle un manotazo al despertador y decir muy bajito: quiero seguir durmiendo.

1 comentario:

  1. Yo, en cambio, camino despacito, como un copo de nieve que cae entre la lluvia. Muy bonito, este me a gustado especialmente, además me ha hecho recordar... tus estraños horarios para dormir y tus paseos... jeje. Bien hecho.

    ResponderEliminar