domingo, 1 de agosto de 2010

Aúuuuuuu

Me gustaría tener un perro para sacarlo a pasear. Lo llevaría de madrugada al descampado que tú y yo sabemos, le quitaría la correa y lo vería perderse entre los contenedores viejos y los coches abandonados. Después, cuando empezara a ladrar, gritaría su nombre: ¡Kidd! Y él ladraría más fuerte y vendría corriendo hacia mí, esquivando los cristales rotos y las jeringuillas del suelo, ladrando, ladrando, y en los pisos de los alrededores se encendería una luz y luego otra, y yo gritaría su nombre: ¡Kidd! Y él ladraría aún más fuerte, se detendría en mitad del descampado y miraría al cielo con la boca dura y los ojos duros, y en los pisos de los alrededores se encenderían más luces, una ventana, un balcón, mientras yo vuelvo a gritar su nombre (¡Kidd!) y él retoma la carrera, ladrando, ladrando, y alguien desde el sexto piso me dice que me calle, y alguien desde el cuarto dice que no son horas de sacar al perro, y alguien amenaza con llamar a la policía y alguien llama a la policía, pero yo seguiré allí, ladrando su nombre (¡Kidd, Kidd, Kidd!), y Kidd aullará y le abrazaré y ladraremos juntos, uau, uau, Kidd!, y gemiremos juntos, grhhhggh, hasta que nos oiga la que tiene que oírnos, hasta que escuches mis lamentos (Kidd, Kidd, aúuuuuu!) y se encienda tu ventana, y dudes y intentes ignorarme y te abandonen las fuerzas y te rindas y te asomes a la ventana y grites mi nombre: ¡Dani!

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