viernes, 27 de agosto de 2010

El enterrador

Aunque lo parezca, este blog no está muerto, sólo tiene catalepsia. Suele pasarle a los blogs: igual que los osos hibernan, ellos veranean. Por eso le pido, señor enterrador, que tenga usted paciencia. No entierre a mi querido blog. Preste atención, esté alerta, y le prometo que pronto oirá puñetazos en el interior de la tumba.

viernes, 6 de agosto de 2010

Lo que son las cosas

No me gustan las personas tristes, sino aquellas que saben vivir intensamente la tristeza. Tampoco me gustan las personas alegres, pero admiro y envidio a las que viven intensamente la alegría. Las personas que más me gustan, por supuesto, son las que saben vivir intensamente la alegría y la tristeza. Y, en fin, desprecio con todas mis fuerzas a las no viven nada intensamente, a las que están alegres o tristes como el que está sentado o de pie, a las que viven la alegría y la tristeza como algo prestado, algo que más vale no toquetear demasiado para no gastarlo. Sin embargo, lo que son las cosas, creo que sólo sé enamorarme de este tipo de personas.

domingo, 1 de agosto de 2010

Aúuuuuuu

Me gustaría tener un perro para sacarlo a pasear. Lo llevaría de madrugada al descampado que tú y yo sabemos, le quitaría la correa y lo vería perderse entre los contenedores viejos y los coches abandonados. Después, cuando empezara a ladrar, gritaría su nombre: ¡Kidd! Y él ladraría más fuerte y vendría corriendo hacia mí, esquivando los cristales rotos y las jeringuillas del suelo, ladrando, ladrando, y en los pisos de los alrededores se encendería una luz y luego otra, y yo gritaría su nombre: ¡Kidd! Y él ladraría aún más fuerte, se detendría en mitad del descampado y miraría al cielo con la boca dura y los ojos duros, y en los pisos de los alrededores se encenderían más luces, una ventana, un balcón, mientras yo vuelvo a gritar su nombre (¡Kidd!) y él retoma la carrera, ladrando, ladrando, y alguien desde el sexto piso me dice que me calle, y alguien desde el cuarto dice que no son horas de sacar al perro, y alguien amenaza con llamar a la policía y alguien llama a la policía, pero yo seguiré allí, ladrando su nombre (¡Kidd, Kidd, Kidd!), y Kidd aullará y le abrazaré y ladraremos juntos, uau, uau, Kidd!, y gemiremos juntos, grhhhggh, hasta que nos oiga la que tiene que oírnos, hasta que escuches mis lamentos (Kidd, Kidd, aúuuuuu!) y se encienda tu ventana, y dudes y intentes ignorarme y te abandonen las fuerzas y te rindas y te asomes a la ventana y grites mi nombre: ¡Dani!