viernes, 25 de junio de 2010

A dos metros bajo tierra

Desde hace algún tiempo leo muchos más libros de cuentos que novelas. Incluso creo que leo más poesía que novelas. Y sí, qué coño, aunque leo poquísimo ensayo, también leo más ensayo que novela. La verdad es que me cuesta entender cómo podía leer tantas novelas hace unos años. Ahora me aburren. O son estúpidas y no hacen más que amontonar anécdotas muertas como quien amontona tortugas muertas, o son tostones indigeribles en los que no hay más que digresiones por todas partes. A ver, una aclaración: a mí me gustan las digresiones, pero no las de los novelistas. Tampoco, por norma general, las de los filósofos homologados, sino las de esos bichos híbridos que anidan en tierra de nadie: un Montaigne, un Steiner, un Cyril Connolly, un Borges. También me gustan las digresiones de Proust, claro, pero Proust es único. Aparte de él, son muy pocos los novelistas que puedan ponerse a filosofar sin hacer el ridículo.

El caso es que desde que no leo novelas venía echando de menos tener algo a lo que engancharme, algo que te mantenga en vilo durante horas, que te coja por el pescuezo como los gatos cogen a los gatitos y te tenga así toda la noche, hasta que te caigas de sueño y no te quede más remedio que decirle adiós (adiós no, hasta mañana), muriéndote de rabia porque quieres saber lo que va a pasar después. Para eso los libros de cuentos no sirven. Por mucho que a los críticos literarios les guste echar mano del camelo ése de la unidad del libro, del hilo conductor que unifica los relatos y todas esas gilipolleces que dicen cuando no saben qué decir (también son muy pocos los críticos, o, en general, son muy pocos los que pueden ponerse a filosofar sin hacer el ridículo), la verdad verdadera es que un cuento lo lees y se acabó, lo que viene después ya es otro cuento. Con las películas pasa lo mismo. Total, que me puse a cavilar sobre el asunto y llegué a la conclusión de que lo que me hacía falta era encontrar una buena serie de televisión. Así que le eché un vistazo a filmaffinity para ver cuáles tenían mejor pinta. Y empecé a bajármelas. Primero probé con Perdidos, que, la verdad, me enganchó, pero al cabo de diez capítulos empezó a aburrirme. Me daba la impresión de que, de ahí en adelante, la serie no iba a hacer más que enrevesarse, multiplicar las anécdotas y los personajes sin ton ni son, sólo por la pura necesidad de acumular capítulos, aunque ya no se tengan ideas o sólo se tengan ideas malas. Después probé con una que se llama The wire y que en filmaffinity tiene críticas muy buenas. No terminé de ver el primer capítulo. Yo qué sé, era una mierda. Después me bajé Californication. Es una serie estúpida en la que no hay ni un solo personaje que no sea de cartón piedra, pero tiene escenas y diálogos divertidísimos, y me descojonaba viéndola. Es la serie ideal para sobrevivir a un día de resaca. O a dos. Californication tiene su qué, y además salen un montón de tetas, pero, una vez más, al cabo de diez capítulos se ponía repetitiva. Era como echar un polvo muy largo sin cambiar de postura, un polvo en el que, además, sabes que no vas a correrte. Probé con Sangre fresca. Pensaba que me iba a gustar porque el tema de los vampiros, aunque (¿o porque?) esté tan de moda, me encanta, y porque tenía pinta de ser una serie para adolescentes y yo creía seguir siendo un adolescente. Pero a lo mejor resulta que no lo soy, o a lo mejor a los adolescentes tampoco les gusta, no sé, el caso es que cada vez que el vampiro bueno ponía la cara de vampiro-sexy-atractivo-interesante-profundo-mírame-a-los-ojos-porque-nunca-has-visto-otros-iguales me entraban ganas de potar, así que a la mitad del segundo capítulo la dejé. La siguiente fue Los Soprano. Ésa casi se lleva la muñeca. Es buena. A ratos sólo es entretenida, como casi todas las series, y a ratos es algo más. Pero no terminaba de tener ese puntito extra que hace que se me ponga la piel de gallina, de modo que probé con otra. Ahora creo que al fin la he encontrado. Voy a tocar madera, porque sólo llevo vistos cinco capítulos, pero me parece tan genial que no puedo esperar a que llegue el desencanto, quiero decirlo ya: ¡me encanta A dos metros bajo tierra! Es, quizá, menos entretenida que las series estándar, pero ojalá todas las series supieran renunciar tan magistralmente a parte del entretenimiento. Hace unos años habría dicho que es la caña de España; hace todavía más años (si hubiera nacido, por ejemplo, en los años cuarenta) a lo mejor habría dicho que es la pera limonera. Pero como soy un hijo de mi tiempo, voy a decir solamente que es la hostia, que es la polla, que dejéis lo que estéis haciendo y os pongáis ahora mismo a verla. Ea, eso es lo que quería decir y ya lo he dicho.

1 comentario:

  1. Yo en mis tiempos de reclusión voluntaria me he tragado Dexter y Los Soprano enteros y debo decir que son buenas. Una lleno de humor negro y ácido, la otra llena de mafiosos desfasados y una psicóloga (que es la de "uno de los nuestros" de Scorsese). La de "bajo tierra" aún no la he visto. Pero últimamente no tengo ganas de ver series. Con respecto a las novelas te doy la razón en la mayoría de los casos. Yo era fan de Stephen King y de muchos otros y sobra paja por un tubo pero en fín, también hay otras que merecen la pena. Aunque los "Borges" son mucho más seductores ¿que duda cabe?

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