sábado, 26 de junio de 2010

Arenas movedizas

Llega el verano y se abren las ventanas. De pronto el aire se llena de vecinos: te asomas al balcón y sólo ves vecinos semidesnudos tras las persianas subidas, te echas una siesta y sólo oyes a los vecinos fregar los platos, a los vecinos reír y cantar, a los vecinos roncar, follar, gritar. Llorar no, casi nunca se oye a un vecino llorar, y si alguna vez lo oyes, lo recuerdas. ¿Por qué recordamos los momentos tristes mejor que los alegres? Todo el mundo conoce la respuesta: porque dios es un amargado. Necesitaba sentir que había alguien más desgraciado que él, y por eso nos creó tan jodidamente mal. Así nos va, a cada paso que damos nos hundimos un poco más en nuestros peores recuerdos, y cuanto más luchamos contra ellos más rápido nos tragan, como las arenas movedizas. Yo, por ejemplo, llevo clavado en algún sitio el recuerdo de una gran desilusión. Fue hace cinco o seis veranos, puede que más. Eran las cuatro de la madrugada. A través de las ventanas abiertas oí unos fuertes hipidos. Parecía el llanto de una mujer. Se me aceleró el corazón. ¿Hay algo más hermoso que el llanto de una mujer en mitad de la noche? Salí corriendo al balcón y la vi, en el portal de enfrente, con un hombre. El golpe fue tremendo: no lloraba, sólo estaba riendo.

Recuerdo esa risa traidora, esa risa que me puso tan triste, como si acabara de oírla. Estoy seguro de que ella, la mujer que reía, hace tiempo que olvidó aquella noche feliz.

1 comentario:

  1. Malditos recuerdos enquistados. No sé si dios es un amargado, pero debe estarlo viendo su obra. Una mujer llorando en la noche... hasta suena bien. Al final sí que tenía cuenta de google, lo que pasa es que ni me acordaba. Yo recuerdo una conversación nuestra, íbamos en coche y hablábamos sobre el "ábrete paso hasta el otro lado" de The Doors. Hoy creo que en cierto modo lo hemos conseguido, aunque seguimos aquí. Aunque no lo parezca.

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