martes, 11 de mayo de 2010

Un tendedero

Tengo, como tantísima gente, un montón de libretas sucias. De vez en cuando abro el armario y les echo un vistazo. No me acerco demasiado porque huelen mal: están empezando a pudrirse. Creo que dentro de poco habrán engendrado toda clase de bichos asquerosos: polillas, gusanos, remordimientos. Antes de que eso pase, las voy a airear. No necesito gran cosa: unas pinzas de la ropa y un tendedero. Eso es lo que es este blog, un tendedero. ¡Que corra el aire! ¡Soplen, soplen! Las heridas hay que cerrarlas para que no se infecten; las palabras, en cambio, hay que abrirlas. O se arrancan del papel o se enquistan.

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