martes, 25 de mayo de 2010

Mi vagabundo

Debajo de mi casa, en el pasadizo conduce a la Place Raoul Follereau, vive un vagabundo. Es, con diferencia, el vagabundo más simpático que he conocido. De hecho, creo que es una de las personas más simpáticas que he conocido. Uno siempre se siente un poco culpable al decir estas cosas, porque el mito del buen salvaje hoy está desfasado. Pero qué coño, este vagabundo es un tío que irradia simpatía. Me recuerda a Pablo Guirval, pero la historia de Pablo Guirval es muy triste, así que mejor lo dejamos.

La conversación más larga que he tenido con mi vagabundo (voy a tomarme la libertad de llamarle así) fue una vez que intenté estrecharle la mano y me explicó que mejor no, que se la había ensuciado con no sé qué. El pobre se quedó muy cortado, y yo también. Aparte de eso, no pasamos del Ça va? Ça va. A veces me dice: Comment ça va, mon cher? Y ese día me pongo muy contento. No es gran cosa, lo sé, pero deberíais conocerle. Siempre sonríe con tanta sinceridad que dan ganas de llamarle Pelusín, sacar la varita mágica y convertirle en osito de peluche.

Mi vagabundo no es exactamente un mendigo: no pide. Nunca pide nada. Apareció un buen día en el pasadizo con una cama, una maleta y dos o tres libros, y ahí se quedó. Y como era muy simpático, la gente empezó a llevarle cosas espontáneamente. Los libros no tardaron en desaparecer; fueron reemplazados por una pequeña y hermosa radio que mi vagabundo escucha a todas horas. Y un día, de pronto, la cama también desapareció: alguien le había regalado una flamante tienda de campaña del Decathlon. Está visto que tarde o temprano todos acabamos sentando la cabeza.

Mi vagabundo no bebe, a no ser que algún otro vagabundo pase por allí y le ofrezca compartir la botella. Su mal es otro, pero no sé cuál. Tampoco sé por qué no se lo pregunto. La verdad es que me preocupa. De un mes para acá se ha quedado en los huesos, y tiene la mirada cada vez más perdida. Se está consumiendo. El otro día empezaron a hinchársele los párpados. Yo creo que está solo, que lo que le pasa es que está muy solo. Y que lo sabe.

Mi vagabundo es un tío muy triste que alegra a todo el mundo. Yo le quiero mucho. Nunca le he invitado a subir a mi casa.

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