jueves, 27 de mayo de 2010

Grñ

Hay días en que uno sale a la calle y cualquier cosa, la bobada más boba, le impresiona tanto que le escuece todo el cuerpo, como si antes de salir de casa le hubieran raspado la piel con una lima. Si tenemos la desgracia de ver a un viejete que pisa un charco y se le empapan los zapatos, el pecho nos cruje, hace grñ, y se pone muy tieso y muy duro, como la ropa cuando la lavamos sin suavizante. Si un perro, al cruzarse con nosotros, levanta la mirada y nos mira, grñ. Si una muchacha, al cruzarse con nosotros, pasa de largo y no nos mira, grññrgñ. Me pongo de lo más ñoño, lo sé, pero es que hoy no ha parado de llover, justo ahora que parecía que empezaba el buen tiempo. Mierda. Lo noté en cuanto me desperté. La piel me ardía, como si hubiera estado tomando el sol más de la cuenta. Más te vale quedarte en casa, más te vale quedarte en casa. Pero no hice caso y bajé a la calle. Lo primero que vi fue a una madre y a su hija paradas en un paso de cebra. La madre debía de tener más de cincuenta años; la hija, menos de veinte. Eran muy guapas. Tenían los mismos rasgos faciales, el mismo color de pelo y hasta el mismo peinado. En resumen, eran idénticas, salvo que una era joven y la otra vieja. Me dio tanta pena que no he conseguido sonreír en todo el día. Joder, sí, más me habría valido quedarme en casa: para irritar una piel sensible no hace falta arañarla. Con una caricia basta.

1 comentario:

  1. Cette histoire, elle me plaît! A mi me pasa cada día, pero no hace falta salir a la calle, el pecho me hace grñ siempre al ver las noticias.

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